“En resumen: hemos visto que la programación es un arte, porque aplica conocimientos acumulados al mundo, porque requiere habilidad e ingenio, y especialmente porque produce objetos de belleza. Un programador que inconscientemente se ve a sí mismo como un artista disfrutará lo que hace y lo hará mejor. De tal modo que, podemos alegrarnos de que las personas que dan conferencias en congresos de cómputo hablen del estado del arte”.

Donald Knuth, Computer Programming as an Art, 1974.

En uno de sus tres libros de aforismos, Jorge Wagensberg encadena algunos pensamientos acerca de la creación y la relación con la copia. Estas “conservas compactas de ideas”, como el las llamaba, aparecen en su libro “A mas cómo, menos porqué”:

1. Copiar es reproducir con ánimo tácito de crear.
2. Plagiar es reproducir sin ánimo de crear.
3. Clonar es reproducir con ánimo explícito de no crear.
4. Clonar es un buen ejercicio para aprender a plagiar.
5. Plagiar es un buen ejercicio para aprender a copiar
6. Copiar es un buen ejercicio para aprender a crear.

Añade otros dos aforismos mas, para cerrar la idea:

“Todo ser humano debería ser capaz de cambiar unos pañales, planear una invasión, desollar un cerdo, gobernar un buque, escribir un soneto, proyectar un edificio, hacer un balance, levantar una pared, poner un hueso en su sitio, auxiliar a un moribundo, recibir órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar solo, resolver ecuaciones, analizar un problema nuevo, estercolar, programar una computadora, cocinar un plato sabroso, combatir con eficacia, morir con gallardía. La especialización es para los insectos”.

Robert A. Heinlein, en “Tiempo para Amar”.

Editorial Minotauro, (¿quién mas sino?) publicó hace algunos años, en cinco volúmenes, la colección completa de cuentos cortos de Phillip K. Dick.

En el prefacio del primer libro, el propio autor comparte su opinión sobre ¿a qué podemos llamar ciencia ficción?, ¿qué es la buena ciencia ficción? y ¿qué hace diferente a la ciencia ficción de la fantasía?; a esto último Dick responde:

En 1990 la editorial Joshua Odell Editions, recopiló y publicó diversos ensayos de Ray Bardbury escritos entre 1961 y 1990; bajo el nombre Zen en el arte de escribir. Es un libro donde Bradbury hace una declaración de amor a su oficio y de paso, salpica de ideas sobre el momento de la creación y donde encontrar a nuestra musa, sobre cosas al final de la escalera; y en particular sobre la inmediatez de las ideas:

“El trabajo es el alma de la creación. Trabajo es levantarse temprano y volver tarde a casa, rechazar citas y renunciar a fines de semana, escribir y reescribir, revisar y corregir, memorizar y seguir una rutina, vencer la duda de la página en blanco, empezar cuando no se sabe por dónde y no detenerse cuando no se puede seguir. Por lo general, no es divertido, romántico ni interesante. En palabras de Paul Gallico, si queremos crear, tenemos que abrirnos las venas y sangrar.”

Kevin Ashton, Cómo volar un caballo, 2016.

Empecemos con un clásico:

“The best place to hide a dead body, is page 2 of Google search results”.

El conocimiento alrededor del posicionamiento de un sitio web, es uno de los aspectos menos reconocidos y dominados por las personas que se supone saben de tecnología. Hay infinidad de chistes para ridiculizar y menoscabar el trabajo detrás de los expertos en SEO. Y creo que el principal problema se debe que es una de esas competencias que viven al límite entre una o mas ramas del conocimiento. En este caso del marketing, tecnologías web, usabilidad y diseño (gráfico, de sistemas, y tal vez industrial).