Fahrenheit 451, 30 años después

En 1990 la editorial Joshua Odell Editions, recopiló y publicó diversos ensayos de Ray Bardbury escritos entre 1961 y 1990; bajo el nombre Zen en el arte de escribir. Es un libro donde Bradbury hace una declaración de amor a su oficio y de paso, salpica de ideas sobre el momento de la creación y donde encontrar a nuestra musa, sobre cosas al final de la escalera; y en particular sobre la inmediatez de las ideas:

La historia de cada cuento, entonces, debería leerse casi como un informe meteorológico: caluroso hoy, refrescando mañana. Hoy por la tarde incendie usted la casa. Mañana vierta fría agua crítica sobre las brasas ardientes. Para cortar y reescribir ya habrá tiempo mañana. Hoy, estalle, hágase pedazos, desintégrese! Las otras seis o siete versiones serán toda una tortura.

Ray Bardbury, La dicha de escribir.

Además de los consejos, datos curiosos de algunas de sus historias y algunos recuerdos de una niñez muy poco ordinaria; Bradbury retoma una posible reunión 30 años después de Fahrenheit 451 con los personajes principales. El diálogo principal entre Beatty y Montag es, con su permiso, mas duro que mucho de la novela original. Un par de párrafos acerca de este ejercicio de revisitar su obra:

— ¡Pero tú eres el incinerador jefe! ¡En tu casa no puede haber libros!

A lo cual el jefe, con una sonrisita seca, replica: — El delito no es tener libros, Montag, ¡es leerlos! Sí, de acuerdo. Yo tengo libros. ¡Pero no los leo!

Aturdido, Montag aguarda la explicación de Beatty.

— ¿No ves la belleza, Montag? Yo no leo nunca. Ni un libro, ni un capítulo, ni una página, ni un párrafo. Pero sé jugar con la ironía, ¿no es cierto? Tener miles de libros y no abrirlos nunca, darle al montón la espalda y decir: No. Es como tener una casa llena de hermosas mujeres y sonreír y no tocar… ni una sola. De modo que ya ves, no soy ningún delincuente. Si alguna vez me pillas leyendo , sí, ¡entrégame! Pero este lugar es tan puro como el dormitorio de una muchacha virgen en una lechosa noche de verano. Estos libros mueren en los estantes. ¿Por qué? Porque lo digo yo. Ni mi mano ni mis ojos ni mi lengua les dan alimento o esperanza. No valen más que el polvo.

Beatty y una maldad profunda. Rara, por profunda. La maldad pocas veces lo es.

Menciona también Bradbury la ironía de que Montag sea el nombre de una fábrica de papel[1] y Faber sea un fabricante de lápices. Curioso.

[1] Montag Brothers Paper Company ya no existe; se convirtió en Westab, a la cual la compró MeadWestvaco Corporation en 1966. Esta última se fusionó con RockTenn en 2015 para ahora llamarse WestRock. ¡Como si del Silmarillion se tratara!

Crédito de las imágenes: Fred Kearney, en Unsplash.